Dos minutos

Microrrelato

— ¿Hacia dónde vamos?

El titilar de las luces de un avión recorría el cielo que se oscurecía por momentos. El hasta hacía unos momentos leve barullo de unos pocos grupos dispersos, se había ido incrementando en los últimos minutos hasta convertirse en una mezcla de voces incomprensible que llenaba la pradera. El césped, húmedo pese al agobiante calor de los días anteriores, albergaba a centenares de personas que acudían a ver el espectáculo para cuyo comienzo apenas quedaban unos minutos.

— A dónde vamos, ¿de qué? —Apartó la mirada del móvil un instante y la dirigió a Daniela, inexpresiva. Habían llegado de los primeros, cuando todavía había suficiente luz para considerarse de día, y tenían un sitio privilegiado. Justo en el centro de la pradera: lo suficientemente cerca como para poder tumbarse, pero no demasiado como para perder la perspectiva.

Daniela, sin devolverle la mirada, se mantenía absorta en el cielo, que sutilmente empezaba a dejar ver las primeras estrellas de aquella noche. Estaba claro que Cris no había entendido su pregunta, pero tampoco era para él. Era una pregunta al mundo, al aire, a sí misma. Una pregunta que mucha gente se hacía en las circunstancias adecuadas. Una pregunta que él también se habría hecho alguna vez, o al menos, eso suponía ella.

Viendo que no había más respuesta, Cris volvió la vista al aparato. Desde casi el momento en que habían llegado, tenía la mirada absorta en cosas que no le interesaban, saltando de una a otra con espasmódica velocidad. Era imposible que pudiera ni tan solo ver algo ántes de condenarlo para siempre al ostracismo algorítmico. Hasta que le volviera a salir, al menos. Quizá la siguiente le diera más importancia y lo viera. A veces uno necesita ver las cosas en el momento adecuado…

— ¿Crees que todos los años habrá fuegos?
— Sí, ¿por? —Su mirada no se despegó esta vez del aparato.
— No se, son muchos años.
— Pero ¿por qué no iba a haberlos? —Respondía casi por inercia con frases simples, mientras saltaba de publicación en publicación, probablemente, ignorando ambas cosas a la vez.
— No sé…

En realidad sí lo sabía. El mundo cambiaba muy deprisa y lo que hacía unos años era impensable, ya era una realidad. ¿Por qué no algo tan prosaico como ésto también? Ya había visto en las noticias de las grandes celebraciones sustituir los fuegos artificiales con espectáculos de drones hipercoordinados para hacer formas mucho más intrincadas y fascinantes que un simple petardo de colores. Cuando lo pensaba sentía un ligero vértigo, pero lo opacaba la emoción de ver algo excepcional. A veces fantaseaba con que aquél año el ayuntamiento anunciara que no habría fuegos y en su lugar contrataría un espectaculo de drones.

— Quizá los acaben prohibiendo.

Silencio.

— Por los pájaros y eso. Es estresante para ellos.

Cristian volvió la mirada con una mueca entre condescendencia y confusión.

— No creo, han sido así siempre.

De nuevo silencio. La sensación de calor iba disminuyendo mientras la humedad del césped iba calando a través del pantalón. La luna y la docena de farolas eran ya las únicas luces que competían con las pantallas de los móviles, que absorbían la atención no solo de él.

La mayoría se había congregado en grupos de 3 o 4 personas que charlaban esporádicamente mientras hacían tiempo. Era cuando el grupo era más grande que las voces incrementaban, y se escuchaban conversaciones de pleno derecho surgir y evolucionar. Realmente no era tan distinto, ¿no?, se preguntaba Daniela. El ambiente seguía siendo social, aunque mucha gente estuviera absorta en un mundo digital, la mayoría hablaba, participaba del mundo que le rodeaba. Solo si te fijabas individualmente podías ver la diferencia…

Fsssss

El primer aviso se elevó en el cielo captando la atención del grueso de los reunidos, que elevaron algún que otro grito de expectación.

PAM

Algún chiflido aislado y aplauso elevaban la expectación, y rápidamente el ambiente volvió a calmarse, aunque se sentía en el aire colear el sentimiento. Daniela seguía absorta en su idea de los drones cuando sonó la explosión del primer aviso. Aunque fue más el fogonazo de luz lo que la devolvió a la realidad, como tirando de ella bruscamente y sin opción a resistirse.

— La luz también será estresante para los pájaros, ¿no?
— ¿Tú crees? —Por primera vez parecía que Cris mostraba algo de interés en su conversación. Había dejado el móvil apagado, y miraba al cielo con expectación.
— Imagínate ser un pajarillo volando por ahí de noche, con la vista adaptada a ver muchísimo con poca luz, y de repente se ilumina todo de golpe… pobrecillos.
— Ya, puede ser que no sea muy bueno… pero tampoco es tan frecuente, y los pájaros nocturnos no viven en la ciudad. Como mucho murciélagos, y son ciegos… —Hubo un momento de silencio y entonces Daniela continuó.
— ¿A dónde crees que van los pajarillos a dormir?
— Pues a los árboles, ¿no? Yo qué se, tendrán sus nidos…
— Ya pero nunca los veo cuando miro las ramas de día, hay muchos pájaros, alguno tendría que poder…

Fssssss

PAM

El ajetreo se hizo notablemente mayor y la expectación aumentó aún más. Cris, que miraba absorto la nube de humo que había dejado el petardo mientras el viento la arrastraba fuera de escena, había perdido el hilo de la conversación y ella tuvo que reconectarla.

— No sé, a lo mejor duermen en las ramas agarrados y ya está.
— ¿Y no se caerían?
— Creo que algunos pájaros pueden dormir de pié agarrandose con las patas a las ramas y no se sueltan…
— Qué dices. ¿En serio? —Cristian hizo un ademán para coger el teléfono, y ella tuvo que redirigir rápidamente su atención.
— Sí, pero vamos tampoco es tan importante, no creo que los pájaros normales puedan hacerlo. Para algo tienen nidos. ¿Tú crees que los hacen en los arbustos?
— Podría ser… —afortunadamente Cris había dejado el teléfono en su sitio— ahí es más difícil de verlos, pero no veo a una paloma metiéndose a un arbusto… Quizá los gorriones.
— Las palomas tendrán otros sitios. Al final están adaptadas a la ciudad, supongo que no anidarán en los árboles o arbustos sino más bien en tejados o palomares.
— Sí, como el que hay bajando…

Fssssss

En el instante en que sonó el tercer aviso, la conversación se interrumpió bilateralmente. Ambos se acomodaron y miraron al haz que se elevaba en el cielo.

PAM

El algarabío se redujo notablemente, o quizá fuera el volumen de las explosiones el que ensordecía los gritos de la gente, pero entre ellos dos, al menos, se había hecho el silencio. Cris apoyó su mano cariñosamente sobre la de Daniela, mientras los petardos se sucedían, prendiendo los distintos elementos que producían fuegos de diferentes colores, y cuando acabó, aplaudieron con el resto de la gente.

Al ver aquellas luces brillar con la intensidad de un faro y apagarse casi al instante, quizá por el ruido, quizá por el humo o por el olor… probablemente fuera la combinación de todos ellos, pero había algo en aquel espectáculo que encendía en ellos un sentimiento primario. Algo que unos drones no eran capaces de replicar.

Quizá no estaban tan mal al final.

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